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La escritora Marina Aoiz presentó el libro Mujeres, Poética del Agua.

El lunes 3 de octubre, en el Salón de actos de la Casa de Cultura, se presentó el libro Mujeres. Poética del Agua, un compendio de textos de mujeres de diferentes lugares y épocas, ilustrado con fotografías. En el acto, que contó con la colaboración del Patronato Municipal de Cultura, participaron Eva García Balaguer, técnica del CRANA y coordinadora del Foro del Agua en Navarra; Ángela Irañeta, como intérprete de flauta travesera; la actriz Feli Iglesias; y las escritoras Margarita Leoz y Marina Aoiz.

Lleva un año a tope de trabajo. Tanto, que Marina Aoiz Monreal bromea diciendo que va a tener “quintillizos de papel”. En lo que llevamos de 2011, la poeta tafallesa ha publicado El pupitre asirio, Premio Internacional de Poesía José Verón Gormaz 2010 de Calatayud, e Islas invernales, Premio de Poesía Leonor de Córdoba. Esta tarde presenta en la casa de cultura de Tafalla Mujeres. Poética del Agua y en breve sacará a la luz otros dos trabajos. La de hoy, eso sí, es una cita especial, ya que, esta vez, Marina Aoiz se convierte en fotógrafa e ilustra sus imágenes con versos de otras poetas.

 

Mujeres. Poética del Agua es una edición patrocinada por el Centro de Recursos Medioambientales de Navarra (Crana), el Patronato Municipal de Tafalla, los ayuntamientos de Olite y Milagro y la Mancomunidad de Mairaga, que han aportado o aportarán pequeñas cantidades a cambio de cierto número de ejemplares. El resto de los 500 publicados se repartirán gratuitamente en algunos lugares o se venderán al precio de 12 euros. Y es que, a la autora también le gustaría que este proyecto le sirviera para contribuir a la construcción de una escuela en Merzouga (Marruecos), a cargo de la Asociación Aisha Danza Alma.

Sin duda, esta propuesta respira ese espíritu solidario, pero sobre todo es una apología del agua. “Del agua me interesa todo. Su movimiento, el reflejo de la luz, los cambios de estado de líquido a sólido o gaseoso. El agua es la gran artista de la naturaleza”, explica Aoiz, que apuntala sus palabras con las de Bachelard: “Es la señora del lenguaje fluido, del lenguaje sin choques, del lenguaje continuo, continuado, del lenguaje que aligera el ritmo, que da una materia uniforme a ritmos diferentes”. En este sentido, el libro contiene “imágenes de la cualidad poética del agua y voces susurrantes o de alta vibración de mujeres de distintas épocas y lugares”.

En esta ocasión, pues, la escritora navarra deja las palabras a otras grandes de la poesía y echa mano de la cámara con la humildad de una aprendiz y con el propósito de “captar la belleza huidiza del agua”, que, a veces, “se entrega con una inocencia absoluta al juego de las luces”, y, otras, “se vuelve esquiva, y pícara y escapa a tus pretensiones”. Como modelos, Aoiz ha retratado a los ríos Cidacos, Arga, Cadagua y el Manzanares, además de las fuentes de la Valdorba y el mar Cantábrico. “En otras épocas de mi vida he contemplado extasiada y me he bañado en las aguas turquesas del Caribe, pero en este libro es el agua cercana y cotidiana la protagonista”, dice.

Dulce y salada

Para la autora, la relación entre las mujeres y el agua es estrecha, “íntima”, de ahí que acompañe sus fotografías con textos de escritoras como Silvia Plath, Zoe Valdés, María Zambrano, Alejandra Pizarnik, Miren Agur Meabe, Susana Barragués, Ernestina de Champourcin o Clara Janés. “Los versos hablan de sentimientos, emociones, rebeldías, estados de ánimo, filosofía. Las mujeres se interrogan, reflexionan o expresan su erotismo a través de la metáfora del agua”, por lo que la poeta tafallesa cree que el valor de esta publicación reside “en la palabra fluida”.

El libro se divide en dos capítulos, Agua dulce y Agua salada, siendo el primero más abundante en imágenes y palabras. “El porcentaje de agua salada es del 97,5%, mientras que el de agua dulce es del 2,5%”, dice Aoiz, para quien “los océanos son inmensos y las fuentes o los arroyos resultan más cercanos para las personas de tierra adentro”. Por eso y porque “la conservación del buen estado del agua dulce es tan necesaria para la vida”, la autora cambia un poco la proporción y le deja más espacio en estas páginas que arrancan con una dedicatoria muy especial “a las niñas que deben acarrear el agua cada día, desde largas distancias, sin poder asistir a la escuela”. Pero también “a las mujeres indígenas que tanto trabajo y esfuerzo dedican a la defensa del agua como un derecho humano

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